BI-CURIOSO

lunes, 19 de junio de 2017

Después de mucho tiempo, desengaños y frustraciones he llegado a la conclusión que, en realidad soy bi-curioso. Nada de medias tintas y seguir callado por la presión social de mi entorno.

Por qué debo respetar lo que me enseñaron en mi juventud... heterosexualidad, matrimonio... si en realidad lo que realmente me hace feliz es lo que tantos años he tapado.

Y que conste que lo primero que me excita es el cuerpo de una mujer... bello, arreglado... pero creo que ahí está el dilema. ¿Solamente el cuerpo? Cuando empecé a pensar en ello, caí en que, la mayoría de las chicas que habían pasado por mi vida parece que lo único que les importaba era que amase su cuerpo ya que, cuando intentaba profundizar más en su "otro" cuerpo... se acabó.

Quede claro que no soy nada superficial y me quedo con el tema de follar.



De ahí viene el término "bi-curioso". Ir más allá de lo principal... en mi caso, la mujer. Notar que hay más vida tras ellas... quizá más profunda y, desde luego, satisfactoria. A los hechos me remito.

Por ello no hablo de bi-sexualidad. No he tenido más relaciones fuera de mi heterosexualidad...pero, ahora, pienso que he perdido oportunidades... y varias... de todo tipo.

Creo que es una forma de perder el tiempo solamente por la puta presión social. Claro es que he sido, en ese sentido, muy débil. Ahora, no. Me siento mucho más maduro y harto.

Basta de falsedad y convencionalismos sociales.

 El próximo tren... si para, lo cojo.

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EL ZULO (3ª PARTE)

jueves, 15 de junio de 2017

Solamente hay una cosa que no comprendí entonces y, hasta pasados varios meses, no llegué a hacerlo.  Sandra, cada vez que terminábamos aquellos calentamientos sexuales, me prohibía que me corriese. Me decía que esa actitud era de un animal irracional que solo busca la cópula.

Yo, su cachorro, no le di importancia y aprendí a vivir la sexualidad de aquella manera... dándole el mayor de los placeres y esperar su orden de cuándo debía hacerlo. No era lo más importante ni nunca lo fue. Al final de aquellas jornadas maratonianas en el que todo estaba adornado por infinidad de perversiones,  ella me dejaba follarla como un animal... así me decía... la embestía una y otra vez hasta que mi semen la invadía.

Los dos acabábamos exhaustos y sin decirnos nada, nos quedábamos un rato mirándonos y... a la ducha. Allí había otro rato de sexo y, por supuesto, perversión. No podíamos ni queríamos parar de sentir todo aquello que estaba dormido y casi olvidado...  horas en el que dábamos rienda suelta a nuestros sentidos sexuales hasta límites insospechados, por lo menos para mí, descubriendo cosas, partes y sensaciones a las que nunca imaginé llegar de otra forma.

Sandra fue muy buena conmigo y me enseñó muchas cosas... y yo le di todo el placer que sabía que había perdido y entre otras cosas, lo más importante, que valorase su cuerpo ofreciéndole mi mejor sexo y aumentando su estima... demasiado mancillada una y otra vez.

¿Por qué digo esto?... os lo cuento para que conozcáis a aquella maravillosa mujer que me hizo enloquecer y tanto tardé en olvidar...

... Ella "vivía" en un zulo y comprenderéis por qué lo llamo así. Digo vivía pero eso no era vivir era morir poco a poco en vida. Yo le llamaba zulo porque pasaba horas en un garaje subterráneo lleno de humedades, agua fría, poca ventilación y mucho frío.

Le recogió un individuo, marido de su mejor amiga que había muerto hacía varios años. El vivía en una casa tipo dúplex sin ningún tipo de escasez pero a ella la obligó a no morar en su casa si no a trasladarse a ese zulo que "acondicionó" para ella.

Iban pasando los años y ella se conformaba con esa mierda que le había tocado. Él solo se dignaba a tres cosas con ella,
1: "sacarla" a pasear (como buena perra que era) para que todo el pueblo la viera a su lado,
2: bajar al zulo, obligarla a que se pusiera a cuatro patas y follarla,
3: bajar con sus amigos y mofarse de la perra.

Esa era su vida, ese era su zulo... no había más.

Llegué a su vida a través de Internet... como ya os he contado y le comencé a abrir los ojos. Me costó mucho porque era como adiestrar a un perro. Le hice ver que se estaba muriendo entre el moho y la obligué (anímicamente) a que se fuera de allí... lejos de humedades y fríos. Todos nos merecemos algo mejor, le dije, y tú más.

Nos habíamos tomado mucho cariño. Pero ella seguía teniendo miedo. Miedo a vivir aun más sola. Poco a poco fue buscando, cerca de donde "vivió", una casa digna y después de unos meses al fin la encontró.

A partir de ahí se empezó a solucionar su dura vida y por lo menos ya tenía agua caliente y dejó atrás aquellas humedades que tanto daño hicieron en su maltrecho cuerpo así como las constantes visitas de aquel individuo que solo quería follarla...

... Así era Sandra. Se quedó sola pero aprendió, con mi ayuda, que nadie puede doblegarte y que vivas a su gusto.

Así, cuando el tiempo me lo permitía, quedaba con mi amiga. Era como trasladarme a otro planeta. El planeta del sexo, la lujuria, desenfreno... sí, no parábamos ni un segundo.

Al final, la desesperación e impaciencia acabó con la amistad. Yo no sabía ni pude disociar entre las dos relaciones... había un continuo hervidero y choques de emociones en mi cabeza. Ella, la verdad, es que no supo ni quiso esperar... y me agobió. Era un encontronazo entre ella y yo. Su agobio me desequilibró y decidí dar el paso más doloroso al decirle que debíamos dejar de vernos... quizá así, quedando como amigos, podíamos terminar de curarnos y volver... o no.

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EL ZULO (2ª PARTE)

martes, 13 de junio de 2017

Era muy pequeña, una cama de 90 cm., una mesita, silla y un pequeño baño con lavabo, ducha y water... todo muy sencillo pero, a la vez práctico... ¿para qué más?

- Quítame las sandalias, me dijo Sandra sentada en la cama. Yo obedecí. No había mayor gusto en ese momento que descalzarla y ver desnudos aquellos deliciosos pies. Cuando lo hice, pude disfrutar de aquella hermosísima visión. Sus dos pies desnudos... gorditos, pequeños y con las uñitas pintadas de color negro. Me volví loco... eran míos y estaban a mi disposición.


Los tomé con delicadeza, como si de una flor se tratase y los besé por cada centímetro de ellos. Estaban tan cuidados que de vez en cuando debía abrir los ojos para ver que eran reales. Ella gozaba y gemía cuando pasaba mi lengua entre sus dedos explorando y saboreandolos.

- Ven aquí, me dijo dando una palmada sobre la cama. Desnúdame cachorro... me gustaba mucho que me llamase así. Bajé la cremallera del vestido y se lo quité. No llevaba sujetador asi que sus pechos quedaron al aire libre mostrando sus duros y oscuros pezones de punta.

Me arrojé como un bebé que busca la comida, sobre ellos. Mordisqueé con suavidad mientras oía sus quejidos. Pero no paré... el cachorro tenía hambre y, a esas alturas, empezaba a perder el control como humano dando paso al animal rabioso y sediento de puro sexo... sexo sin amor.

Era muy obvio que ella tampoco quería otra cosa que no fuese sexo... y cuanto más fuerte, mejor. Habíamos perdido la noción del espacio/tiempo... todo valía.


La besé, con aquellos besos de pez que inundaban mis sentidos y sé que los suyos, de lujuria y perversión. Atravesando el valle entre sus pechos, comencé mi viaje inagotable parando primeramente en su delicioso ombligo, después... opsssss tenía aun puesto su tanga negro... mis besos se posaron allí...

Cachorro estúpido... arráncamelo. Se lo quité despacito a la vez que mi lengua iba buscando ansioso sus labios. Veía como el tanga ya estaba manchado de su elixir y aproveché para lamerlo... Sandra notó como mi barbilla se posaba sobre su coño y dando un tremendo gemido cogió mi cabeza empujándola con fuerza... llegando a hacerme daño. Pero el cachorro estaba a sus ordenes y solo empezaba a sentir el placer que tenía la Reina.

Siempre me atrajo dar todo el placer que puedo ofrecer que el que me puedan dar... por eso debe ser que no echaba de menos su tocamiento sobre mi. Esperaría el tiempo necesario.

...CONTINUARÁ...

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