Mi vecina Sofía

domingo, 30 de diciembre de 2007

Los días tan cortos de invierno, por fin se quedaron atrás y llegaron aquellas hermosas jornadas de primavera que, como podéis suponer los que tenéis mi edad, 20 años, son días en los que las chicas por fín salen a la calle con sus escotes, minifaldas, sandalias, etc.

En la casa donde vivo sólo somos 9 vecinos, pero a mí la que verdaderamente me importa es mi vecina Sofi del segundo piso, aunque mis padres claro no se han fijado en una chiquilla de 18 años... a ellos les van las reuniones con sus padres y con el resto de los propietarios en las que se charla, juegan, pasean
y esas cosas que entretienen a los mayores.

Sofía era ideal. No tenía las típicas medidas de las chicas del momento pero, para mí, eso no era nada importante. Era baja, gordita y morenaza lo que le convertía en mi musa. Todo lo que yo hacía durante el día estaba hecho bajo la vigilancia interior de Sofi. Sólo estaba esperando aquel año al día en que, por fin iban a abrir la piscina. Para mí resultaba un ritual anual: aguantar a las once de la mañana para verla bajar y acomodar su toalla en el césped. Era impresionantemente bella.

Por fín me decidí a bajar y a ver lo que podía pasar. Sofía estaba allí, como todas las mañanas a las once y todavía no había salido ningún bañista más. Me acerqué y, como si de algo natural se tratara, hinché mi pecho como la noche anterior había preparado durante horas y con voz prepotente dije
- Espero que no te moleste que ponga mi toalla al lado tuyo. No hay nadie en toda la piscina y veo ridículo ponerme en la otra punta... pero vamos, si te vas a enfadar me quito de aquí y...
- no hace falta que sigas Juan, cómo me va a molestar.
-¡Ah!, sabes cómo me llamo
-Sí, mis padres no hacen otra cosa que hablar de ti... que si Juan por aquí, que si Juan por allá... que es un chico del 1º que te conviene... Claro que sí, estoy encantada. Esto es un poco muermazo. Encantada de que te pongas aquí. Yo me llamo Sofía y voy al instituto, por cierto otro muermazo. Estoy deseando aprobar todas sólo para no tener que pensar en los libros durante unos meses.
Según iba pasando la conversación, mi atracción hacia Sofía era cada vez más alta. Ya podía comprobar que era una persona como yo... no la veía tan lejana. Se había abierto a mí desde el primer momento. Y lo más importante, necesitaba poder hablar con alguien en esa comunidad y yo le estaba demostrando que sabía escuchar... bueno a mí también me interesaba. Ahí estaba, en carne y hueso. Físicamente era preciosa. Y mentalmente me gustaba un montón.
Así, entre baño y baño me fue contando cantidad de cosas... parecía que no había hablado con alguien desde hace años... no paró. Bueno paraba para darse un chapuzón (ya que ese año hizo verdadero calor) momento en el que yo aprovechaba para fijarme en su figura. Con un bañador rojo de esos tipo nadadora profesional que marcaba a tope sus pechos y cuando salía del agua se le había metido por la raja del culito. Qué feliz era. Pero una cosa os tengo que contar. Nunca me había fijado pero ese día vi que tenía unos pies preciosos. Pequeños y carnosos, todos los deditos a la misma altura. Desde ese día, para mí los pies de una chica pasaron a tener gran importancia... parecían los pies de una muñequita.
Y así pasaron los días, adiós gracias ya tenía a alguien con quien compartir algo en esa comunidad que nada tenía que ver conmigo. A las tres semanas de bajar con Sofía, ya éramos como uña y carne... nos conocíamos bastante y empezábamos a confesarnos cosas propias de chavales de nuestra edad. Un día Sofía me dijo
-Juan, mañana mis padres se van una semana a Pamplona... la abuela de mi padre se ha muerto y quieren aprovechar para arreglar papeles y esas cosas... ¿te quieres subir el sábado a casa?
-Vale. Yo también estoy sólo. Mi padre empezó el miércoles las vacaciones. Quería que nos fuésemos a Grecia, pero al final se va con mi madre. A mí no me apetece nada. Y menos que es todo el mes... menudo tostón.
- Podemos alquilarnos unas pelis, y pasar la tarde en plan relax en el sofá.
No me lo podía creer. Por fin una chica me invitaba a su casa... y a solas.
El sábado por la mañana, como todos los días del verano, Sofía y yo bajamos a la pisci. Ese día no era muy bueno para tomar el sol. Estaba nublado. Pero aún así, a ninguno nos apetecía quedarnos en casa. Esa mañana, Sofía estaba especialmente bonita. Se había puesto un tanga verde que realzaba aun más su cuerpo. Nos dimos unos chapuzones y subimos a comer a su casa.
La madre de Sofi le había dejado preparada una ensaladilla y yo llevé unos helados que tenía en casa.
-Me voy a dar un duchazo rápido, no soporto vestirme y notar el cloro en la piel.
-Vale, yo iré preparando la mesa, tengo hambre. Cuando estoy solo no como bien.
Sofía se metió en el baño. No cerró del todo la puerta. Al cabo de unos segundos se empezó a oír el agua de la ducha. Yo estaba en el comedor, que estaba enfrente del baño y pude ver su silueta desnuda a través de la mampara de la ducha. Mi corazón empezó a latir con más fuerza. Me quede embobado viendo a Sofía. Era como cuando era un niño pequeño y miraba una película a escondidas para que mis padres no me viesen, yo en mi cuarto y ellos con la puerta entreabierta, en el salón.
Tuve que dejar de mirar porque aquello me empezaba a preocupar... qué hacer, me meto con ella en la ducha o espero aquí afuera como un tonto... ella me estaba mandando una señal... o no, no sé, a lo mejor solamente es que es una chavala que tiene una edad en la que el pudor no está muy arraigado y simplemente tiene la costumbre de estar en el baño sin cerrar la puerta. No sabía que pensar, todo me daba vueltas... me estaba empezando a poner histérico. Pero no me dio tiempo a seguir pensando. El ruido del agua paró.
-¿Qué pasa Juan, ya has preparado todo?
-Sí, Sofi. Estoy que me muero de hambre.
Intenté disimular y cambiar el “chip”. Sofía salió del baño con un albornoz y se sentó en el sofá, donde comimos la ensaladilla que había preparado en dos cuenquitos. Cuando terminamos el postre, pusimos una peli, le di ambiente al salón cerrando un poco las persianas y nos acomodamos cada uno en una punta del sofá. Aunque la película estaba entretenida, al cabo de una hora Sofía se había quedado dormidita. También era lógico porque nos habíamos comido toda la fuente de ensaladilla. A mí me encantaba porque notaba que Sofi era una chavala muy abierta, que se duchaba sin cerrar la puerta, se dormía aunque hubiera invitados en su casa en fin, que estaba relajada. En un momento que dejé de ver la peli, la miré y vi que su albornoz estaba casi del todo desbrochado. Qué cuerpazo; Tenía unos pechos firmes con los pezones de punta y pequeños, piernas gorditas y sus pies que, al estar tumbada, quedaban a la altura de mi cabeza, eran preciosos. Como dije antes, eran como los pies de una muñeca, con todos los deditos iguales, pequeños y carnosos. Me los comería. En aquella posición que tenía ella, dejaba entrever, aunque tenía juntas las piernas, su chochito. Lo tenía rasurado o eso es lo que me pareció en esos momentos... de verdad que todo aquello me parecía impresionante. No podía más, mi polla cada vez estaba más grande y me empezaba a doler ya que estaba en bañador y aquello me oprimía. Así que me levanté y me fui al baño; me empecé a hacer una paja. En mi mente, mientras me masturbaba, estaba Sofía desnuda, pero esta vez no tenía que imaginar su cuerpo como cuando no la había visto. Estaba en pelotas en mi cabeza. Además me fijé que había dejado su tanga verde encima del water. Lo cogí y me lo puse encima de la boca, para chuparlo y oler la parte donde había estado su coño. Olía fuerte pero me encantaba tener el aroma de su sexo dentro de mí. Todo aquello era algo depravado, pero me tenía encadenado; no pude más y dando un grito me corrí en su lavabo y luego lo limpié. Por fin, mi verga se había relajado. Fui de nuevo al salón, donde ella seguía dormida y aproveché para sentarme justo al lado de sus pies. Los comencé a acariciar; los tenía fríos y muy suaves. Eran ideales. Mi polla empezó de nuevo a hincharse y puse uno de sus pies encima de ella mientras que me llevaba el otro a mi boca donde empecé a chuparlo y meter la lengua entre sus dedos carnosos.
A todo esto Sofía despertó, pero no lo hizo del todo. Quiero decir que fue espabilándose poco a poco dando pequeños gemidos de placer. Pensé que se iba a molestar por aquella confianza que estaba teniendo con ella pero no sólo no se molestó, sino que siguió apoyando su pie sobre mi miembro y lo comenzó a masajear. Sus gemiditos eran cada vez más altos.
De pronto, Sofía se desabrochó el albornoz y llevó su mano hacia el coño. Empezó a meter un dedo en la raja y a masturbarse con mucha pasión. Mientras vi como sus dos grandes pezones comenzaban a endurecerse y quedaban de punta. Tenía unas tetas preciosas, turgentes y morenas.
Yo que cada vez estaba más excitado, me volví a irme al servicio para hacerme otra paja, recordando que allí estaba el tanguita de Sofi. Me tenía que correr y con ella masajeando con sus pies el pene no podía. Cuando terminé volví al salón pero Sofi no estaba allí. Mi corazón me envió directamente a su dormitorio. Allí estaba, totalmente desnuda encima de la cama, boca abajo mostrando esa interminable espalda; bueno sí, terminaba en un precioso culo que tenía pinta de ser un culo bien prieto. Así que yo me quité el bañador y me acerque hacia ella. Mi pene estaba absolutamente erecto. Sofía se quedó mirándolo.
-Ven aquí, guarro. Te está saliendo algo.
-Límpiamelo, cielo. Es todo tuyo.
Y Sofía, abriendo su boquita, se metió toda mi polla donde empezó a chupar y a chupar como una histérica mientras que cogía con su mano mi gran miembro y lo masajeaba.
- Quítate guarra que me voy a correr, no puedo más. Por favor...
- No me pienso quitar... no puedo, échamelo todo cabrón ...
Toda su boca se empezó a llenar con mi lefa y Sofía se lo tragó toda. Cuando terminé, ella se quedó recostada hacia el lado donde caí yo rendido ya que era la tercera vez que me corría en un rato. Quedé boca arriba y Sofi se abalanzó sobre mi boca, dándome un pedazo de beso interminable. No podía más, me estaba empezando a dar cuenta que aquella chavala era una ninfómana.
- Estás como un tren, Juan. Menuda verga tienes... nunca he visto otra tan gorda y larga. Te gusta como te lo he hecho, ¿verdad?
-Claro mi cielo. Eres bien cerda. Pero una cerda insaciable. Mientras dormías me he tenido que levantar a masturbarme dos veces. Tenías en el servicio tu tanguita y encima estabas medio vestida y dormidita en el sofá. Eras una fuente inagotable para mis instintos...
Mientras le hablaba, la mano de Sofía seguía manoseando mi pollita que ahora estaba flácida. Pero poco a poco iba creciendo y poniéndose dura... Sofi no la dejaba tranquila. Así que aproveché el momento para comenzar a comerme su boca... aquellos labios carnosos y esa lengua fría y empapada con su saliva que yo recogía y me tragaba... era un vicio, estaba buenísima. No había rincón de aquel cuerpo que no me gustara. Fui bajando dándole besos y lengüetazos a su cuello, por sus pechos, pezones... por su tripa, el ombligo hasta que llegué a su rajita. No tenía pelos en su pubis, lo que lo hacía más atrayente y excitante. Comencé besando alrededor del clítoris durante un buen rato hasta que cogió mi cabeza y la empujó hacia el centro, donde seguí besando los labios de su vulva que estaban hacia fuera. Los mordisqueé con delicadeza y metí mi lengua lo más dentro que pude de su sexo. Sus gritos eran constantes ya que yo no podía parar de chupar aquel coño que empezaba atener el sabor de los flujos vaginales, hasta que pegando un último grito constante se corrió y mi boca también como antes la suya, se empezó a llenar.
-Fóllame, por favor... lo necesito... fóllame... me dijo como si estuviera poseída.
- Ahora te vas a joder y te vas a esperar, cielo... aguántate, espera y verás.
La tomé por sus caderas y, dándole la vuelta, la puse a cuatro patas... iba a hacerle algo que siempre había soñado hacer... la idea me volvía loco de placer, no sabía si a ella le iba a gustar, pero tenía pinta de ser una tía que quería probarlo todo... pero yo no iva a perder aquella oportunidad. Así que deslice mi lengua desde el principio hasta el final de su espalda hasta que llegué a su culito. Entonces, con mis manos lo abrí suavemente y empecé a besar alrededor de su ano, tratando de que se relajara... pero lo que estaba notando era que cada vez Sofía estaba más excitada y gemía más moviendo su culo. Entonces comencé a chupar su ano y metí un poco uno de mis dedos en su culo intentando agrandar su excitación, lo cual conseguí. Yo seguía introduciendo la lengua y saboreando aquel lugar oscuro mientras que ella se masturbaba para que su pasión fuera aún mayor. Continuamos un rato en aquella posición que adorábamos cuando, a gritos me empezó a pedir que la follara por detrás y yo, como buen esclavo que era, comencé a meter mi falo por su coñito a buen ritmo. El ruido de nuestros cuerpos sudados cuando se juntaban ampliaba todavía más mi excitación al igual que la postura de Sofía como una perrita, gimiendo y jadeando hasta que, dando un chillido, me corrí sobre su espalda.
Los dos caímos rendidos sobre las sábanas y, dándonos un besazo, nos quedamos dormidos. Así pasamos todo el fin de semana... no nos levantábamos apenas de la cama, dando placer a nuestros cuerpos. Lo que empezó como una tímida presentación de dos jóvenes que se encontraban un poco desplazados del lugar donde vivían, terminó como un derroche de lujuria y excitación. Además ya no tuve que volver a espiar a Sofía a través de mi ventana y, lo más importante, no necesité esperar a que se acabaran aquellos días de invierno para poder volverla a ver.

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