Sexo con un madurito

viernes, 19 de febrero de 2010



Mi vida cambió radicalmente el día en el que mi pareja y yo, después de dos años de continua lucha, decidimos que lo mejor era vivir cada uno por su cuenta. Lo tuvimos fácil ya que no estábamos casados... y aquella medida fue muchísimo más llevadera. Tenía 50 años y una vida por delante que, de momento, me sonreía... por un lado me acababa de quitar un buen problema con mi pareja, vivía solo que es lo que necesitaba en esos momentos y contaba con una “suficiente” solvencia económica... vamos que con esa edad, más de una persona “firmaría” con esa situación.

Vivo en pleno centro, en un apartamento al que me fui... muy luminoso y con una vecindad muy tranquila. Nada más llegar ya me fijé en una vecina... tendría unos 20 años, era muy estilosa y preciosa. Yo como os podréis imaginar, tenía una vida sexual muy liberal, sin ataduras... pero necesitaba imperiosamente tener relaciones... regularmente pero sin ataduras. Poco a poco, con el paso del tiempo, me di cuenta que ella también se había fijado en mi... cuando coincidíamos en la escalera, ascensor o por la calle, siempre existieron miradas cómplices, sonrisas picaronas... saludos con doble sentido. Me fui enterando también que ella estudiaba derecho y que trabajaba ayudando como becaria desde casa con los papeleos de un despacho de abogacía.

Casi sin darnos cuenta, al coincidir tanto en casa, (yo llegaba muy pronto), empezamos a intimar más. Solamente queríamos que aquellas tardes se nos hicieran más llevaderas... sobre todo a Esther. Una de esas tardes, llamó a mi casa... necesitaba que le explicase algunas cosas de informática ya que a ella nunca se le había dado bien (sólo controlaba el programa que le habían puesto en su ordenador). Así que nos pusimos los dos frente al ordenador y comenzó la lección. Según iban pasando los minutos yo me iba poniendo cada vez más excitado.... no lo podía remediar... Esther me volvía loco, era una preciosidad, alta, rubia y con un olor que me tenía hechizado. Al final no pude resistir más y comencé a flirtear como si fuera un chaval de 15 años... Me levanté a por unas cervezas, chocamos nuestros vasos y al final hice lo que desde hace mucho tiempo había soñado... besar aquellos dulces y carnosos labios... tímidamente, esperando cuál sería la reacción de Esther. Pero, lejos de asombrarse, Esther me tomó con sus dos manos del cuello y tiró hasta que nuestras bocas volvieron a quedar selladas... nos dimos uno de esos besos profundos y largos, necesitábamos esos labios... esas lenguas juguetonas.

De esa manera y casi sin despegarnos, comenzamos a desnudarnos... quizá torpemente debido al nerviosismo, pero al final, quedamos completamente desnudos frente a frente, sin decirnos nada... las miradas eran las que mandaban a nuestro también desnudo cerebro las órdenes.
Era realmente delicioso... la abracé con fuerza. Mientras, las manos de Esther se fueron deslizando despacio por mi espalda hasta que, llegando al culo, apretaron hasta hacer daño... aunque en aquel instante se transformó en placer. Se fue agachando a la vez que pequeños besos se iban incrustando sobre mi cuerpo hasta que llegó a mi dura y tiesa polla la cual, mientras me miraba, metió en su dulce boca.

Cuando noté que estaba excitadísimo, antes de que no hubiera punto de retorno y aquello estallase, quité mi polla de su boquita tumbé a Esther sobre el suelo y, poniendo sus pequeños y afilados pies sobre las manos, empecé a devorarlos... eran muy suaves... deliciosos. Ella mientras tanto, se metió un dedo y dando grandes sacudidas se corrió. Por favor... me gritaba... fóllame mi dios... abrí con mi tremendo miembro sus labios y muy despacito comencé a meter y sacar... primero el glande, con movimientos lentos hasta que la volvía loca... quieta... dije... no te muevas, ahora es tu dios el que manda... Poco a poco iba introduciendo algo más el pene pero siempre de una manera casi imperceptible para Esther... ahora era ella la que realmente sufría y yo tenía todo el placer... pero era un sufrimiento de puro placer... gritos, convulsiones... al final y de un golpe se la metí hasta el fondo y tras unas cuantas sacudidas intensas le eché todo el semen dando ambos un enorme chillido.

Quedamos exhaustos sobre el suelo sin mirarnos pero Esther, que en ese momento volvía recobrar el aliento, sin darme tregua se tumbó boca abajo sobre mí dejando su dilatado y húmedo coño sobre mi cara y lamiendo mi polla que, aunque estaba flácida, tenía restos que Esther quería limpiar con su lengüecita... así, tras unos segundos, aquello volvió a recobrar vida.

6 comentarios
  1. Hola Juan,
    Yo también necesito una alumna de informática.
    Sé mucho sobre muchas cosas que no voy a concretar y que "Esther" podría decubrir poquito a poquito.
    No necesito que sea tan joven, se pueden ofender....

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  2. Vaya hasta aquí han llegado los gritos de placer ...¨;)

    Néctares

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  3. Despues de este relato, quien me postro a tus pies soy yo.
    Besazos deseosos

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  4. CALIENTE...QUIERO MASSSS!!!!
    QUE DELICIOSO RELATO, ME VOY DIRECTO A BUSCAR ALGO REALMENTE DURO....BESOS!!!!!

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  5. Que buena historia, excelente atmosfera la que creaste, me uno a Fedora, no en buscar algo duro, ejemm, sino en que... que haya mas relato!!

    Muy bueno Juank.

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  6. Delicioso...

    Hum...me dá agua na boca.
    Besos

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