Tren de cercanías

miércoles, 17 de noviembre de 2010

 Era otro día más de curro. Tenía pocas ganas, pero por otra parte, me sentía un privilegiado por levantarme cada día y no tener que pensar en buscar trabajo. Aquel sábado bajé como todos los días la cuesta que llevaba hasta el tren de cercanías. Cogía el de las 14.30 h… entraba a trabajar a las 16.00 h; a esa hora podía ir relajadamente leyendo ya que el tren solía ir vacío.

Me senté en el mismo vagón de siempre que ya tenía elegido ya que era el más próximo a la salida. En éste solamente había una chica. Yo me coloqué relativamente cerca para que me viera pero relativamente lejos para que no se sintiera acosada. A la segunda parada pasó el revisor me pidió el billete y continuó la marcha… se lo pidió a ella y tras rebuscar en su bolso encontró el billete y el hombre continuó con su trabajo en el siguiente vagón.

El tema que me empezó a excitar fue que, con el trajín de la búsqueda del billete, a la chica se le quedó desabrochada la blusa lo suficiente para dejar ver aquellos dos preciosos pechos además de dejar también descolocada su falda y mostrar casi en toda su extensión sus largas piernas. Estábamos sentados de forma que nos veíamos en diagonal… cada minuto que pasaba me encontraba más caliente. Me desabroché el pantalón y saqué la polla tapándola con un libro. Empecé a masturbarme despacito… por una parte quería que me viese pero por otra me daba algo de reparo. Diossssssssssss aquello estaba apunto de estallar cuando vi que me miró de reojo. Mojó sus labios y me dejó con la boca abierta cuando dirigió sus dedos metiéndolos bajo la falda. Resulta que yo había puesto todas las precauciones para que no se diese cuenta pero era ella la que quería que yo la viera… obviamente, no podía disimular.

A los segundos me levanté aún con el libro tapándome y muy excitado me senté frente a ella. Puso sus pies sobre mi asiento dejándome a la vista aquella maravilla: sus dedos moviéndose en círculos presionando sobre unos enormes y carnosos labios muy mojados mientras emitía pequeños gemidos… ah, ah, ah, ah, ahhhhhhhhhhh… con un grito más largo se convulsionó y se llevó los dedos empapados de su flujo a la boca. Mientras hacía esto, no dejaba de mirar mi tremenda erección que, evidentemente ya no tapaba.
Masturbacion en tren
Y así continuamos… con el movimiento del tren y de nuestras manos, cada uno en su asiento mirándonos lascivamente mientras nos masturbábamos lo más fuerte que podíamos. Nos corrimos de nuevo… fue espectacular.

No hizo falta que nos levantáramos para sentarnos juntos… el placer del momento y el morbo que nos provocaba la situación fue suficiente.

A los dos minutos entramos en la estación final de nuestro trayecto. Salimos en silencio por la misma puerta del vagón pero por distinta escalera… no me importaba mucho, quizá nos encontraríamos de nuevo. Ya sabíamos a qué hora teníamos vía libre.

2 comentarios
  1. Menudo recorrido en tren, creo que después de leer tu post, Renfe tendrá muchos más clientes, jajaja.
    Besos y susurros dulces

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  2. La pasión es algo que se desata en un minuto, que viene y se va y que cuando la coges, como ese tren hace que uno se excite y vea la vida de otro color...lo importante, cielo, es que sentir intensamente es un lujo al alcance de pocos, y los que tienen la suerte de dejarse llevar por sus instintos tienen un trozo de cielo en su bolsillo....no vuelvas a perder el tren. Ummmmh, mi beso, contigo.

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