Alejándome del pasado

jueves, 27 de enero de 2011

Vivo sola en un apartamento grande y alegre aunque, en realidad sea pequeño y muy triste. Acostumbrada, por los devaneos de la vida, a estar en un mundo que se tornó hostil y me llevó hasta el más estricto aislamiento… algo que, por supuesto, no cabe contar ahora. Lo que sí cabe es expresaros lo que aquella tarde ocurrió. Mis dos mejores amigas, por supuesto de esas que conoces en la facultad y al final, como si de la mejor de las drogas se trata,  no te puedes desenganchar de ellas, me llamaron hacia las 7 de la tarde insistiendo en que hiciéramos una escapada de solteras cosa que no me apeteció en absoluto hasta que recibí otra llamada, esta vez de mi novio que estaba trabajando. Y pasó lo que me temía que iba a pasar… ¡me animó a que me fuera! Y hasta al final, lo exigió.
Fui obediente… también os digo que me hace falta poco para animarme, y esperé a que mis amigas vinieran a buscarme. Estaba preciosa, botas de tacón negras de caña alta, corpiño de tirantes también negro y una mini de vuelo en gasa negra… por supuesto, unas medias de rejilla negras (no podían faltar) y una sorpresa que me iba a acompañar durante toda la noche, los calzoncillos negros que conservaba de mi novio. Era mi forma de tenerle muy cerquita en esos momentos de divertimento para mí, pensando que estaba a mi ladito.
Llegamos en el descapotable al restaurante del centro… sin duda notaba cómo, según me alejaba de aquel apartamento, se iban alejando también los fantasmas del pasado… aunque sólo fuera por unas horas, merecía la pena.  Toda la noche fueron risas y buen rollo con mis amigas. A la 1 llamé a mi chico, y cuál fue mi sorpresa cuando, tras relatarle lo que estábamos haciendo, me comentó que le había excitado sobremanera. Haz el favor de coger las llaves de mi casa… esperarme allí, me dijo.
Ya, a las dos de la madrugada, harta por el frio del invierno, nos metimos de nuevo en el coche y de camino de vuelta a la realidad les dije que se vinieran a casa de mi novio. Las tres somos muy viciosas…  una tremenda carcajada siguió a esa palabra. Comenzamos a desnudarnos en el mismo momento que nos metíamos en la cama y un baile de consoladores, besos y lametones fue el preludio a una hora en la que los gemidos era el único lenguaje.
Bocas acalladas por unos pies.
Vibradores recorriendo oscuros orificios.
Lenguas calmando excitaciones.

A las tres de la mañana él llegó a casa. No se oía… se olía el buen clima que  habíamos creado las tres gatas. Entró al dormitorio y, entre el laberinto de pies y piernas, pude sacar la cabeza… despeluchada y mirándole con ojos lascivos alcancé a decirle con voz entrecortada… amor, ayúdame… estas dos putas no me han dejado prepararte la cena.  

4 comentarios
  1. Déjame que abra la boca en puro asombro, ...dejame que me seduzcan tus palabras tanto como mi pensamiento...en un gran aaaaarrrrgggg, por estar echando d menos a ese novio en un apartamento lujoso, luminoso y feliz.

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  2. Ni quien se preocupe por cenar asi, mucho menos cuando un mejor menu esta frente a tus ojos.

    Ese beso de la imagen... se antoja!


    Abrazo Juan!

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  3. como para pensar en la cena, después de esos torridos momentos, llenos de pasión y deseo. Seguro que a él tampoco le importaba la cena, al ver semejante estampa al llegar.
    Besos y susurros muy dulces

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  4. Como ya sabes soy algo bruto en la creación literaria a partir de la mera contemplación, pero creo que es una disciplina a la que me tengo que apuntar.

    Alma dejeme contemplar tu pie.

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