Cambio

viernes, 25 de marzo de 2011

Llegué  algo triste y al ver su cara llena de lágrimas se me cayó el alma a los pies… nos abrazamos tímidamente y sin mediar palabra, estuvimos dando un paseo en aquella deliciosa mañana, última de invierno. Cuando el sol recargó suficientemente mis baterías, nos metimos en el coche directo a su casa.  Al entrar seguíamos tristes, la abracé primero como un amigo que da fuerza pero según pasaban los segundos iba cambiando el sentimiento pasando poco a poco mi alma hacia la suya y su poder hacia el mío… aún marchito.

“Vámonos a follar”, le dije… sabía que era eso lo que deseaba. Ya, ella tumbada sobre la cama y yo sentado, le quité los botines y aparecieron aquellos pies tan deliciosos y bellos cubiertos por sus calcetines de rejilla negros que pronto desaparecieron. Los llevé a mi boca, los besé con pasión y, en el momento que deslicé la lengua entre sus dedos se oyó un gran suspiro… “cómo lo echaba de menos”, me susurró.

Como un resorte, me levanté y con la delicadeza que me caracteriza, fui despojándome de todo… necesitaba que aquello que echaba de menos lo tuviera, de momento, a la vista. Mi cuerpo desnudo entre sus sábanas revolcándome para dejar mi aroma en ellas; seguro que cuando no estuviese allí penetraría por cada uno de sus poros. Tras jugar con sus delicados dedos acariciando mi polla, provocando en ella una inexplicable erección, se colocó encima metiendo hasta el fondo… vamos, literalmente clavándose. Sus movimientos eran convulsiones, sus ojos ríos de lágrimas su boca fuego continuo.


No sé ni importa el tiempo que así estuvimos. Dos seres poseídos por aquella deliciosa lujuria de posturas, embistes, olores, sabores, quejidos… y dedos. Aquellos que primeramente me desarmaron y después… quid procuo… se follaron hasta lo más hondo de su coño saliendo impregnados de fluidos blanquecinos.

Minutos más tarde, drogados de felicidad y exhaustos, nos levantamos. Yo me vestía, ella en la cocina preparaba un café. Llegué por detrás, la agarré por la cintura y arqueó su cuerpo apretando su duro culo contra mi polla, segundos antes dormida, de nuevo erecta y a las órdenes de su reina. Ella sonreía. “Amor”… le dije “menos mal que ha habido un cambio. Cómo se nota que mañana entra la primavera”.

4 comentarios
  1. uf!! como has hecho cambiar mis neuronas, me ha encantado, esa forma tan sublime de comenzar, terminar de la misma forma... pero ese calor que ha hecho mecha en mí, muy profundo, me gusta como escribes.
    Un beso

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  2. Lo ves? te decia que lo que bien se hace siempre se reconocera, y mira, que mejor ejemplo de tus buenas ideas que un relato magnifico, letras que hablan y hacen sentir, nada mas ni nada menos.

    Y la primer imagen, una maravilla!

    Saludos!

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  3. Al arrullo de tus palabras, me acomodo, me revuelco y me regocijo como una niña pequeña...porque cierro los ojos, y huele a él, porque abro el Alma, y está escrito su nombre.
    A mis pies....Quid procuo?

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  4. Hola Cielo, en mi blog hay un reto paa ti
    besitos.... excelente relato...

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