Fotos desde la piscina

sábado, 16 de julio de 2011

Al llegar el verano, como todos los años hacía, de nuevo vino a pasar la tarde en mi piscina que, aunque no era privada, salían pocos vecinos a ella. Entraba en el dormitorio, se cambiaba, dejaba su mochila encima de la cama y con la toalla al hombro salía al césped. Aplicaba sobre su piel protector solar y, como un pollo en el asador, comenzaba a dar vueltas.

Ella sabía que yo no salía a la pisci así que casi no intercambiábamos palabra alguna… era como un mecano. Me quedaba dentro y desde la ventana la miraba, hacía fotos y… otras cosas. Se perfectamente que ella era consciente de lo que estaba pasando… que la miraba, que la sacaba fotos y hasta creo que sabía que hurgaba en su mochila en busca de algo suyo muy íntimo… efectivamente así era. Pero entraba de sus baños me miraba con complicidad… como diciendo “qué, te has aburrido con mis bragas?”… entraba al dormitorio, se cambiaba y pasando a mi lado me daba un beso de despedida guiñándome un ojo… “hasta mañana cielo”.

Esto era lo que había sucedido durante los últimos años hasta que llegó un día… de esos que marcan el punto de inflexión… de esos de “¡hasta aquí hemos llegado!”.  Entró, se metió en el dormitorio para cambiarse y a los pocos segundos abrí la puerta. Totalmente desnuda, blanquita… era la visión más bonita que hace mucho tiempo había visto solo en mi imaginación mientras me masturbaba. Se había hecho realidad.
En un primer momento se asustó, no imaginaba que ese instante llegaría… que su vecino entraría. Pero muy lejos de seguir con el susto, dejó caer la camisa que rápidamente al entrar ya había cogido para taparse. Ella lo sabía, lo tenía preparado ya que no cerraba con el pestillo y se desnudaba tranquilamente a sabiendas que en la casa había un chico. Yo, al verla así, intenté tomarlo con tranquilidad y, como algo natural pensando en que estaría menos incómoda, me desnudé.

_ Hola cielo… quieres que veamos unas fotos?
Le enseñe la colección de fotos en mi cámara digital que le había hecho mientras tomaba el sol y mientras que la estaba viendo tomó suavemente mi polla con sus deditos. Pero no me masturbaba como siempre me habían hecho otras chicas… con las yemas de sus dedos me acariciaba el glande dando un suave y sutil masaje hacia abajo, recorriendo toda la polla… subiendo y bajando por ella. Sus dedos bailaban rozando mi piel, por supuesto tersa y endurecida. Nunca me habían llevado hasta el clímax de esa manera. Enloquecía en cada paso… en cada segundo y hasta perdía el sentido. Ella no paraba de acariciarla a la vez que yo pasaba las fotos.
_ ¡Qué bonitas son todas! Eres un artista cielo. Pero digo yo… porqué no me haces ahora mismo más?.
_ Ainsssssss… uffffffffffff… argggggggggg… no puedo mover un solo dedo, me tienes paralizado…
_ Bueno, eso tiene solución, me quito.
_ No por favor, mi niña… no quiero. Sigue. Adoro lo que me haces, me dejas sin respiración.
Me tumbé sobre la cama y ella siguió durante media hora, no solo acariciando y bailando con sus yemas sobre esa tremenda polla que se me había puesto sino algo más difícil aún, evitando lo que más necesitaba yo después de tanto tiempo, correrme. Lo consiguió… no se aun cómo. Solo recuerdo que ella tenía el control total… yo era un pelele a su merced. Y lo mejor de todo es que,  me gustaba esa situación… no quería que terminase nunca. En la última vez que noté que mi polla iba a estallar… paré su mano.
_ Déjame cielo… no puedo más, necesito correrme.
_ No! Eso es lo que quieres, lo sé. Pero yo te diré cuando lo harás.

No entendía nada… o más bien no quería entender. Me hacía llorar de dolor pero daba gracias de no correrme ya que aquella excitación era lo más increíble que me habían provocado. Al rato, decidí aprovechar que aquella diosa estaba sentada desnuda en mi cama y comencé a tirarle fotos… en todas las posiciones posibles e imposibles, primeros planos, contraluz… y al terminar, me tumbé a su lado mostrándoselas. Mientras las veía absorta, le devolví la jugada…
_ Quid procuo - le dije. Y empecé a deslizar mis dedos sobre su coño, primero jugando con sus labios… abriéndolos y pellizcándolos… y poco a poco, muy delicadamente como si se tratase de una flor, fui metiendo mi dedo hasta el fondo mientras ella gemía y tenía espasmos. Así, al poco, cuando tenía dos dedos introducidos, noté que se había corrido y le hice algo que terminó de volverle loca… rebañé todos sus rincones sacando a cada rato mis dedos impregnados de sus fluidos viendo, además, como me los llevaba a la boca. Necesitaba toda su esencia… que se apoderara de mí… sentir aquella deliciosa pócima.
Y así nos quedamos, abrazados por la pasión que cada uno había sabido encontrar en el otro y sabiendo que la próxima vez que viniera a la pisci habría algo más que un simple baño de sol.



3 comentarios
  1. Excitante encuentro, tendré que mudarme a una casa con piscina, que a mí no me pasan estas cosas con las vecinas. Y cuando sus caricias son las que controlan el momento del orgasmo... para volverse loco.

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  2. Lo que se hace con los dedos...
    Estar es ese límite es placer de dioses..

    Me gustan las fotos
    Hurgan, auscultan, exploran..
    mmm

    Beso

    VCM

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  3. A mí me encanta ir a la piscina, y tomar el sol. Pero nunca he notado que nadie me observase y ahora no me importaría notarlo.
    Si encima mi observador me hiciese acabar una tarde de agua y sol así....mmmm.
    Genial. Si quieres, tráete la cámara y te aviso cuando vuelva a ir a la piscina jajaja. Besos.

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