VERANEOS

martes, 27 de junio de 2017

Coincidíamos hace años en la misma época mi amigo Antonio y yo con nuestras respectivas mujeres. Teníamos un chalet en la playa y éramos vecinos, pared con pared. Lo pasábamos genial... baños, paseos, comidas, cenas, copas. Toda una época muy feliz en nuestros años de madurez.

En uno de esos años, Antonio y yo llegamos unos días antes que las mujeres y, relajados en el salón, aprovechamos como dos adolescentes para entablar una conversación que, por momentos iba tomando un cariz más sexual. Coincidíamos en muchas cosas y Antonio, que es más lanzado que yo, me empezó a hablar de mi mujer... lo guapa que era y todo lo que haría si pudiera...

_ ¿Por qué no puedes? le pregunté.
_ Somos amigos y no quiero que esto enturbie una buena relación de los cuatro, una cosa es que te lo comente a ti y otra muy distinta es hacerlo.
_Te comprendo perfectamente pero desde ya te digo que, aunque a mi no me importa, sé que a ella si.... es muy simpática y abierta pero en estos temas sexuales es muy cerrada y tradicional. Así que si quisiéramos algo, me parece que sería buena candidata la tuya.
_ Totalmente de acuerdo, le encantaría es muy abierta y está loca por ti. Así que me lo pones fácil jajajajjaja. ¿Sabes qué? Que tenemos que hacer algo.

Pasó el invierno con total normalidad... y al llegar el verano, coincidió que mi mujer se tenía que quedar trabajando en su tienda y llegaría más tarde así que me fuí al chalet. Antonio y Raquel ya habían llegado hace unas semanas.

Una de las siguientes noches a mi llegada, me invitaron a cenar. Antonio ya me había dicho por un mensaje al móvil que Raquel ya estaba al tanto de nuestra conversación. Cenamos y salimos a la terraza. Raquel se puso una copa y lo primero que hizo ya me dió un vuelco el corazón... se descalzó y me pidió que por favor le diese un masaje en los pies. Me volví loco cuando los tomé entre mis manos. Eran los típicos pies maduros pero muy arreglados.


Ella empezó a notar cómo me empezaba a excitar y mi polla a endurecerse. Aprovechó la ocasión para empujar con sus pies y presionarla. Yo por mi amigo no sentía corte ya que lo habíamos hablado... es más, le miré un momento y se estaba masturbando. Se levantó y se sentó muy pegado a su mujer... le dejó con los pechos al aire y comenzó a pellizcarle los pezones. En esos momentos que Raquel estaba gimiendo, yo me desnudé. 

No podía más con la presión que sentía debajo de los pantalones. Ya no podía parar y sentía estar fuera de mi. Levanté el vestido y le quité las bragas. Su coño estaba muy dilatado... grande y con labios muy carnosos y mojados. Separé sus piernas y me lancé a comer su dulces labios mientras que ella presionaba mi cabeza con su pie.

Antonio terminó de desnudar a Raquel quedando aquella preciosidad a nuestra merced... o en realidad ¿éramos nosotros los que estábamos al placer de ella?. Creo que fue lo segundo.

Desnudos los tres, nos fuimos a la cama... callados. Con plena confianza.

Raquel y Antonio se tumbaron y yo quedé arrodillado lamiendo aquellos dulces pies. Antonio me llamó... me incorporé, tomó mi polla dura y la introdujo en la boca de Raquel mientras que él seguía chupando su coño. Yo, enloquecido por aquella mamada increíble, me quité. No quería correrme aun.

Me pasó algo que nunca hubiese imaginado. Antonio tenía la polla muy grande y a punto de estallar. La tomé y comencé a masturbarle... me gustaba muchísimo hasta el punto de acercar mi boca a aquel miembro que daba hasta miedo... lo toqué con mis labios y estaba ardiendo y con las primeras gotas saliendo de su capullo. Pero no me dio tiempo a más. Un enorme chorro salió. Ellos dos dieron un gran grito.

Fue precioso. Quedamos muy a gusto y volvimos una y otra vez. Al principio año tras año... mes tras mes, al final.


  

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